La buscó hasta que no le quedó aliento. La necesitaba otra vez con él. El mundo había cambiado y tenía miedo. Él había cambiado y estaba asustado. Su reflejo ya no era el mismo. No quedaba inocencia en sus ojos. Su sonrisa no era de verdad. Las raspaduras que antaño habrían significado una caída en el juego, ahora eran las marcas del fracaso. Estaba solo en un mundo de lobos. Las personas disfrutaban hiriendo a los demás; se divertían desgarrando emociones y pisoteando sentimientos. Daría lo que fuera por volver a esos días en los que la pregunta más importante era "¿me dejas jugar?". Así se forjaba la más fuerte de las amistades. ¿Dónde están esos tiempos cuando todo se solucionba compartiendo una bolsa de caramelos? ¿Dónde están esos tiempos en los que lo único que necesitabas eran un amigo e imaginación? Infancia, ¿dónde estás?
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