Esta es la historia de una chica cuyas muñecas están rasgadas. Una chica que sonríe lágrimas. Una chica a la que nadie ha sabido querer. La almohada ha sido su confidente y la única conocedora de todos sus temores. Esta chica camina bajo una tormenta continua al ritmo del "chip-chop" de sus pies descalzos en los charcos. Siempre ha sido un hombro sobre el que llorar, la consejera de sus amigos pero ya no puede más.
Necesita a alguien que la abrace sin fijarse en los defectos que sólo ella ve. Toda su vida ha buscado una persona que demuestre ser de fiar y aún le queda mucho camino por recorrer.
Yo soy su reflejo y la veo consumirse día tras día por mentiras que la hieren sin motivo. Finje que no sufre y se le está olvidando lo que se siente al sonreír de verdad.
La encuentro todos los días bajo la lluvia y le pregunto lo mismo una y otra vez:
-¿Por qué no sonríes?
Se lo repito hasta que es capaz de responderme:
- ¿Tengo razones para hacerlo?
No encuentra consuelo en ningún lugar y se contenta con dibujar la muerte en su cuerpo. Nadie la ve torturarse porque nadie se preocupa de verdad por ella.
Se aleja bajo la lluvia, sin inmutarse cuando la salpican los charcos de agua sucia. Ha dejado de sentir cualquier cosa que no sea dolor, que no sea soledad. Las pocas veces que se atrevió a contar sus penas la acallaron con sus comentarios.
- Sólo quiere llamar la atención.
- Como si no tuviesemos otras cosas en las que pensar.
Pero la puñalada que más dolió fue oír a sus amigos darle la razón sin escuchar su llanto.
Intentó no llorar, intentó ser fuerte y, como todos los que sufren, escondió su dolor. Se convirtió en dura piedra. Una roca que es olvidada, que se cubre de musgo y que es lanzada a un lago. Poco a poco se hunde; ya no espera volver a ver el sol, no espera volver a sonreír.
Hace mucho frío a su alrededor y su corazón se congela. Dice que está bien a todo el que pregunta porque sabe que no se preocupa por ella, sólo quiere evitar la culpabilidad al contarle las nuevas noticias sobre su vida.
La lluvia la hace resbalar y cae. La piedra de corazón de hielo se hunde en la oscuridad y deja de sentir. Ya no hay dolor. Todo el mundo la recuerda ahora que sólo quedan pedazos de piedra fría. Siempre estuvieron seguros de que algo no iba bien. Lo sabían todo, por supuesto. Lo sabían todo y no hicieron nada.